Su cabello dorado lacio y sedoso fue dividido en tres mechones, que por consiguiente fueron sobre puestos el uno sobre el otro una y otra vez, hasta que una trenza que le llegaba a los pies fue construida y en su terminal fueron entrelazados un conjunto de doradas navajas triangulares. Se puso en pie y caminó hacia él, quien no le miraba a los ojos por que no solo ella era una amazona, era la reina, y un varón nunca les mira a los ojos, pero los de él solo miraban la trenza en su mano derecha. Con sudor en su frente y el rostro pálido no hizo mas que quitarse la camisa y tornarse hacia la pared donde sus manos fueron amarradas y en su espalda eran visibles las cicatrices delineadas la una sobre la otra. La amazona se acercó y alzó el brazo con el que sujetaba la trenza, él apretó fuertemente las sogas a la espera del metal trenzado que pintaría nuevos trazos carmesí.
El uso de una trenza
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