A moment

She sat on a bench underneath the shade of a palm tree practicing what she wrote, I think, in a low voice. Her right hand moves while she reads as if she were narrating it to someone else. An invisible being?

The breeze plays with her hair. She fixes it only to be blown again by the warm wind.

I could stay here forever conjuring stories from everything I see, whatever caughts my attention. This is how it is supposed to be for a writer. You stop, write, see something and write again. Writing of what every thing or detail or situation you encounter at eyes view.

Yes, I could stay here for ever for I have been longging this moment for a while since the pandemic began.

But alas, my time is coming to an end. It is slowly approaching.

Would I be able to come tomorrow? And if I do, would this writing mode I am in right now will it come again?

Today is today and I will grab the moment it gave me and not think of tomorrow. Today is only starting and more writing is on the horizon.

The sun ascends, the horizontal line that marks its ascention is slowly reaching me on my bench. I feel its warmth. An announcement that soon this will end. And I am happy and contempt with what I have achieved. I am rejoiced in this moment.

The silhouette of my head has been drawn on the floor. The rays have reached me. It is time. Until, well, next time.


Wrote a story

Wrote a story.
Not a very good story.
But wrote it.
It might end up
on that digital page
never to be read
by someone else.
But the thing is,
the important thing,
I wrote.
In peace and quite.
Without any interruptions.
On a bench in my favorite place in the world.
Birds shirping all around.
A warm breeze blowing the tops of the palm trees.
A cat sleeping comfortably on a near bench.
Tourists walking in the distance mesmerized by the beauty and enchantment of this historical place.
I wrote in my phone a story that might never be read by someone else, about a yellow dress that I might never wear.
I have been struggling to write short stories for a few weeks now.
And here, where my heart belongs and my whole self, I wrote and felt liberated.


La herramietas de creacion para Ascensión Divina

Para una historia como Ascensión Divina tenía que tener un sistema. Llevó, y lleva, horas de investigación, de lectura sobre datos que he transfrmado para darles toques de ficción, de creación de un mundo donde los eventos se desarrollen y el lector pueda imaginar con facilidad, desarrollo de personajes… En fin, mientras escribía partes, me detenía a realizar investigación, a dibujar, a crear pequeñas historias sobre el clima, los orígenes de las razas, la cultura, las religiones, las leyendas… Lo organicé en carpetas en las que guardo todo lo recopilado. De esto he creado una historia fantástica de ficción, Ascensión Divina. Una trilogía que amo y he gozado escribir. Aquí yace el trabajo detrás de ese producto final, Obsesión y Dictamen.

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swept away

Wednesday, January 13, 2021

There is much to do. The “white” floor is adorned everywhere by black specks. an unknown type of dust, or something similar. A few days back the broom swept them away, the mop erased their trace. But they are back.

Black against white.

Taunting. Being there.

A reminder of what needs to be done. A responsibility. There is much to be done. Yes! So much that for just a speck of time it could be ignored.

Instead a different type of black against “white” lures me. Calls me.

They are needed. Desired. They are a responsibility to myself, one that must be consumed in a fraction of time stolen from the much things to do.

I seat down, open the book and sweep away the words erasing the thoughts of the things to do and enjoy the stolen moment from the day to day responsibilities.

Alexandra


Si tan solo

Martes, 12 de enero 2021

Un granito simple, dorado, casi cuadrado sobre el plato. Un sobreviviente del moreno líquido matutino donde sus pares han dado su dulzura para anular lo amargo. Le miro. En mi mente no hay pensamientos, está en blanco como la superficie que le carga, le protege por ahora.

Las palabras salen a cuenta gotas. Se hacen difíciles en esta mañana soleada y fresca inundada, no por el acostumbrado cantar de las cotorras, sino por el insoportable y exagerado sonido de las líricas urbanas que laten en la atmósfera con su repetitivo ritmo. Cargan mi mente las voces que se comen la hermosura del silencio mañanero. Ahogan mi voz, casi no la escucho. Mi atención navega a esas voces que suenan como eco en las montañas.

No me agradan mañanas como estas luego de una larga noche en vela. Me agobian. Deseo escuchar la voz de mi escritora y perderme en ella. En el silencio que trae serenidad, escape. Que me seducen. Las necesito, pero estoy exhausta.

Un lugar soñado para escapar es el anhelo que despierta entre el ensordecedor ritmo. Una visión vagabunda. Campos, árboles alrededor, verdor donde descansa la vista. Inhalo.

Si tan solo.


Un día a la vez

Lunes, 11 de enero de 2021

Un cambio he decidido realizar en lo que debió ser mis páginas matutinas y se transformaron en un desahogo, en planes realizados y otros abandonados, en una abertura del alma que a veces agradece.

¿Qué realizaré o llegaré a alcanzar en esta vida como escritora?, aún no lo sé o identifico. Sé lo que quiero, pero a veces no veo o creo el camino para llegar a él. A veces pienso que voy a su lado, pero no en él.

La escuela está por comenzar. El miércoles para ser precisa. La rutina va a cambiar, a escurrirse nuevamente en mi vida. Atípica, incierta, distinta. Impregnada de dejadez, no, de un lapso de vida. Sí, aún se vive, pero no se vive. Es una sobrevivencia entre una estructura de cemento que trae una seguridad entre comillas. En ella se vive, algo, pero se vive. Se vive en dejadez.

Desahogo, casi. Se coló entre las palabras que iba a liberar para proclamar un cambio en mis palabras matutinas. Y entre este desahogo llega la idea de compartirlas en mi blog. ¿Por qué no?

De vez en cuando; de cuando en vez. No está de más darlas al mundo y que vean quién eres, cómo eres, qué deseas, qué no deseas. Abrirte y darte. Desahogarte.

¡No! Esto no era lo que iba a realizar cuando decidí escribir estas palabras esta media mañana acompañada por flores que servirán de experimento para la feria científica —una pena, son hermosas— y el lejano y hermoso cántico de las verdes cotorritas que han hecho del gigante flamboyán su hogar.

Vine a escribir un plan que transmutó en otro, pero que voy a realizar agarrado de la mano de ese que surgió entre la caricia del bolígrafo y el papel.

¿Cuál es ese plan?, me pregunto para no olvidar. El escribir algo corto de un insiginificante suceso ocurrido entre mi despertar, el café de la mañana, las oraciones —sí, rezo para alimentar mi alma and I suck at it— y las letras. Narrarlo como un suceso literario para crecer como narradora. Un ejercicio que nutra mi creatividad a través de mi cotidianidad.

No prometo que esto será algo diario. No soy buena en compartir mis frustraciones, ni mi estado de ánimo, ni mis sentimientos, aunque ya mi esposo los conoce y, sin preguntar, hace lo posible para alegrarme. No, no prometo nada para no desepcionar. Un día a la vez, así lo tomaré y con lo que venga. Un día a la vez a sabiendas que algunos escritos serán interesantes y otros un intento.

Alexandra