Se paga adelante (1): Mi carta blanca

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Con este verso, “devuélvele a la vida esa sonrisa infinita que tanto se merece” pago adelante con agradecimiento la ternura de seguir mi rincón cibernético y comparto la entrada del blog, un más bien un poemario cibernético, Mi Carta Blanca: Lluvia. Un poema para levantar el espíritu en momentos de tristeza, un recordatorio a sonreír. ¡Y sonríes cuando llegas a la despedida!: “Att. con mucho amor“. Una despedida sencilla que evoca ternura y te da a conocer que el ser que escribe estas palabras habla desde la profundidad de su alma y solo tiene deseos hermosos para ti.

En el enlace “¿Por qué?” nos dice que “Sin saber cómo ni porque la poesía llego a mí”. Sin embargo, tres versos más abajo contesta la interrogante: “Por ser un alma libre y por querer vaciar mi corazón en una hoja de papel.” Cuando la palabra escrita te seduce, no hay de otra que dejarse seducir. Convertirla en un estilo de vida como ha hecho Mi Carta Blanca.

Te invito a darte una vueltita por Mi Carta Blanca y deleitarte por unos minutos de buena poesía.

PS: Este es solo el primero de una serie de agradecimientos a esos que han tomado el tiempo de visitar y seguir mi blog. ¡Pendientes, que vienen más! Y de antemano, gracias desde lo profundo de mi alma. Un abrazo.

Nos leemos pronto,

A.R. Román

Serie- Vida cotidiana de una escritora #6: El efecto de la causa

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Causalidad,” dijo el diácono en su charla el sábado. Las cosas que te rodean están allí por causalidad.

Miro mi escritorio donde descansan mis instrumentos de trabajo y creación. Justo a mi derecha hay una réplica del crucificado en su madero sobre unas escalinatas de tres escalones. A sus pies hay un pequeño papel confeccionado por las manos del segundo amor de mis entrañas y a lápiz las palabras “mamá te amo”. A la izquierda de este, un recordatorio de fe de santa Teresa de Jesús: “Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta“.

Entonces, las observo anhelante por conocer el por qué de su existencia allí en mi escritorio. Este, que según el diácono, estaba allí en ese lugar por lo que decidí ser. Soy escritora y, por tal, mi escritorio es el efecto de la causa.

El pequeño papel estigmatizado a lápiz con palabras de amor, es la causa de un amor filiomaternal que evoca en cada mirar una sonrisa, un intenso y puro sentimiento. Un recordatorio que estoy por él, por ella. Soy su causalidad y ellos la mía.

dsc_1656.jpgLa memoria me habla de ese momento en que arranqué de la casa de mi madre ese crucifijo y le llevé a morar en la mía. No hubo pedidos de permiso, sino una acción sin remordimientos. Era mío desde el primer día que posé mis ojos en él. ¡Mío! Del hecho no hay duda, y yo le guardo con recelo en el lugar que más habito: mi escritorio. Le respondo a la voz del diácono en mi subconciente, “Porque creo, le amo”. Porque me caigo una y otra vez en un mar de incetidumbre en mi vida de escritora, de madre, de esposa, de hija, de amiga, de espiritualidad. Le necesito. Batallo diariamente mientras me levanto de la caída para que sólo Él baste y no me hunda en lo incierto.

Respiro al secar mis lágrimas. Estoy aquí, esas cosas están aquí, mi esposo y mis hijos están aquí, mis amistades están aquí, mis familiares están aquí, no por la rutina ni un desliz ni por casualidad de la vida, sino porque soy y somos el efecto de la causa de su amor.

Nos leemos pronto,

A.R. Román

Palabras fantásticas #1: Quimérico 

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¿Qué puedes hacer cuando en lo existencial están las necesidades básicas de la peregrinación por

un mundo que vive y muere; que lucha y se revienta y se levanta; que padece

injusticias que latigan a esa cañinque masa muscular, templo del alma, confeccionada por

Él en un arrebato de amor? Nutrirte hasta saciar todos los sentidos y

regresar por unos

instantes extensos al mundo quimérico en el templo

craneal y peregrinar

omnipotente y omnisciente por la creación que transmutarás en símbolos plasmados en lo existencial.


Quimérico: adj. Fabulo, fingido o imaginado (RAE). Lo fantástico e irreal. Existe en la imaginación.

Nos leemos el pronto.

A.R. ROMÁN

Serie- Vida cotidiana de una escritora #5: Cinco lecciones

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Foto tomada de Inpiradiario

Son lecciones que con constancia resurgen en mi vida cotidiana. Las encuentro en la conversación de la mesa contraria, porque hablan muy alto y no me costó otro remedio que escuchar ya que se me quedaron los audífonos en casa. A través de un consejo de una amiga, que como mi madre, me lo ha repetido miles de veces. Las escucho en la homilia dominical. En fin, son lecciones que siempre están ahí, porque su objetivo es ayudarme a crecer como persona y, como consecuencia de esto, como escritora. Como siempre están ahí merusmiando, no tuve otro remedio que incorporarlas a mi estilo de vida. ¡Qué conste, no se ha hecho fácil seguirlas!

 

Las 5 lecciones de la Vida Cotidiana de una Escritora:

Lección #1: Amarse

Las matriarcas de mi familia, y son muchas y hay que escucharlas atentamente de lo contrario estás en problemas, nos enseñaron que nos debemos amar primero para aprender a amar a los demás. Esto me obliga, a romper con mis miedos– bueno, aún no supero el de las agujas y el sacar dientes-, dejar la pereza y emprender ese camino de mimarme, de darme cariño. Cuidar mi salud, o sea ir a los médicos. Hacer ejercicios, uff, ¡cómo me cuesta! Orar, que es de donde saco mi fortaleza.

Lección #2: Hacer tiempo

¡Para todo! Se puede, lo importante es organizarse. Las doñas de casa, las matriarcas de las que hablé horita, decían: “El hombre propone y Dios dispone“. Lo decían cuando las cosas no le salían o sus planes cambiaban. Aprendí a duras penas que no todo lo que uno planifica sale, pero hay que confiar que si hoy no se pudo, mañana será. De lo contrario no estaba para uno. Por eso, apunto en mi calendario todo: mi tiempo de escritura, las fechas claves para terminar los borradores, las entradas al blog (que fallo mucho), las asignaciones y examenes de mis hijos, las citas con el esposo, las salidas tan necesarias con la familia y /o los amigos… Todos esos periodos de tiempo son de suma importancia para mí y debo acomodarlos según mi horario que cambia anualmente y se basa en ese de mis hijos.

¿Qué cuándo escribo? Por las mañanas luego que dejo a mi hijo en la escuela y termino de orar y hacer los ejercicios. A veces me tomo un tiempo adicional por las noches. Mas lo importante para mí es que hice el tiempo para realizar.

Lección # 3: Alcanzar las metas

Para la vida personal.

Para la espiritual.

Para la profesional (escritora).

¡Me pierdo si no las tengo! Vagabuendearía en una vida que está hecha para que la disfrute. Convertiría una vida cotidiana que debe ser productiva en una sin enfoque. Las trazo deseando algo de la vida y por tal, así sea para alcanzar la alegría, me dirigo hacia eso aunque me desenfoque una y otra vez.

Lección #4: Despejarse

A mi tía abuela, una de las matriarcas, le gusta hacer en su casa reuniones familiares, ella les llama los Domingo de BBQ. Así que una vez al mes voy para allá con mis hijos luego de misa. Se juega dominó, se comen bacalaítos, nos tripiamos unos a los otros, nos reímos y mucho. Una vez al mes me reuno con mis amigas a desayunar. Voy con la familia al cine o mis mejores amigas, o a pasear.

Despejarse va de la mano con amarse, hacer tiempo, y alcanzar las metas; se complementan. Lo hago sola o acompañada. Busco lo que como persona necesito para estar en paz, para buscar alegría, crear memorias inolvidables que hagan sonreír y me doy ese regalo. Despejarse, aunque sea tan sencillo como ir a la capilla a orar, energiza al alma.

Lección #5: Paciencia, mucha paciencia

Me lo repito todos los días. Hay días que logro mantenerla, y hay otros que, bueno, se escapa. Mas bien sale corriendo por la puerta de entrada de la casa, por la ventana del carro, del lugar donde me acompaña. En fin, te puedo contar con exactitud los momentos más memorables en que la he perdido, y son muchos. Como también te puedo narrar aquellos en los que la he agarrado de la mano con extrema fuerza para que se quede ahí a mi lado. Ella no es difícil, soy yo la que la espanto. Sin embargo, vuelve una y otra vez sin ningún tipo de remordimiento y nos sentamos a tomarnos un café con mis amigas, una de mis matriarcas, o mi esposo, o a solas. Nos abrazamos con fuerza y amor al esposo, a los hijos… Lloramos con los seres amados. Respiramos profundamente alcanzando paz interior y nos ponemos a escribir. Nos damos cuenta que las pruebas que nos separan o que non mantienen unidas son para fortalecerme y para crecer, en esta vida cotidiana que vivo como escritora, en un mejor ser humano.

Son lecciones aprendidas que debo recordar con regularidad para no descarrilarme, pero si como tren me ocurre, que a veces sucede así de fuerte, debo volver a tomar camino y andar. De segur tienes lecciones de tu vida cotidiana, compartelas.

Nos leemos pronto,

A.R. Román

Serie- Vida Cotidiana de una Escritora #4: Donde vivo

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En la urbana del Valle del Toa vivo, donde las raíces del manglar se enterraban. Un lugar delineado por líneas líquidas naturales y artificiales, y, pues claro, Cochino. Donde a los pies de la decrépita Candelaria yacen los negros y los blancos hacendados. Donde hay una locomotora inmóvil latigada por el olvido del presente y el recuerdo de un pasado azucarero ya inexistente. Donde una maquina extraterrestre azul celeste vigila en sequedad. En una de las cuatrillizas de la visión americana del urbanismo. En el Levitt del Valle del Toa vivo, “en donde la buena vida comienza”.

 

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Serie- Vida cotidiana de una escritora #3: Apagón

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Un día anormal, fue ese del apagón en Puerto Rico el 21 de septiembre de 2016 que dio comienzo como a eso de las 2:30 p.m. y se extendió hasta el 23 para muchos, pues para otros fue aún más largo. Algunos le vieron como un evento de sobrevivencia al no experimentar un apagón igual desde los años de la última gran tormenta por ausencia de la visita de una por esta parte del Caribe o por ser de generaciones de este siglo. Últimamente, las tormentas se desvían de manera fantástica y no tocan tierra borinqueña.

La noche deslumbró a muchos con un espectáculo de estrellas y una sinfonía orquestal de coquíes. Sin embargo, no tuve esa suerte. La contaminación lumínica aún estaba presente. Vivo justo detrás de un restaurante de cómida rápida y a su lado hay una gasolinera y ambas tienen plantas. Así que mi noche fue iluminada por las luces de los postes de luz del restaurante y la de sus visitantes. Solo en el patio se observaron varias estrellas que su intensidad era mayor a la artificial y mi orquesta era una percusión de sonidos de motor y planta eléctrica.

Sin embargo, a pesar de la falta de energía eléctrica que nos obligó a estar en una situación inesperada, se vivió con tranquilidad y paz. Dejamos, por lo menos en el caso de mi familia y allegados, que la situación corriera su curso a pesar del calor y la salida de la rutina diaria a la que estamos acostumbrados. ¿Nos hacía falta? Sí, porque la situación nos forzó a detenernos en el tiempo y dejar de luchar en su contra y correr con este, a pensar no solo en nosotros, sino en el prójimo. Nos forzó a estar más tiempo del regular juntos. A darnos cuenta que a pesar de la situación que nos privó de ciertas comodidades que disfrutamos diariamente, tenemos mucho más y no nos faltó nada. Una lección que mis hijos aprendieron por experiencia, que no es lo mismo que enseñarla a través de la palabra. Un momento que pasó, se recuerda y espero no se olvide y que sea uno de enseñanza para agradecer todas las bendiciones que se tienen. Qué la vida trae consigo momentos difíciles, pero todo en la vida tiene arreglo con paciencia, amor y perseverancia.

Soltar la mano

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De vez en cuando tomo mi #SharpiePen y mi libreta y escribo cualquier tontería. Me pica la mano. No hay razón para hacerlo, sino el deseo de trazar letras en un papel sin pensar en que será leído o compartido. Los artistas hacen garabatos, lo veo día a día, vivo con una. Practican en un pedazo de papel dibujos que desean perfeccionar o traer ideas a lo concreto en cuestión de minutos. Minutos que le han robado al tiempo mientras esperan la comida, que le hagan parte de una conversación…

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Photo credit: erink_photography via Scandinavian / CC BY

Nuestros garabatos son diferentes, son palabras a veces sin sentido que se trazan en el papel sin razón alguna y que inexplicablemente traen al alma escritora satisfacción. Mis libretas están llenas de esos trazos sin fundamento que se le escaparon al alma.

¿Pero son importantes? ¿Son necesarios en nuestras vidas? Todo lo que hacemos tiene importancia, se crea para satisfacción propia y la del otro individuo. Mas estos garabatos son personales y por tal tienen una pizca de importancia en la necesidad creativa de nuestra existencia. Nada extraordinario, solo una simple descarga del alma creativa a la realidad. Se quedan marcados en papeles que solo son para tus ojos y que solo uno entiende. Sí son necesarios, hay que hacerlos. Me gusta hacerlos. Les llamo las notas alcalce de mi vida. ¡Tonto, no! No para mí y estoy segura que tienes, como escritor, una libreta, o varias, marcadas con las notas alcalce de tu vida. Que ríes al leerlas, que te preguntas por qué escribiste eso, o qué pensaste al escribirlo. Quizás hasta recuerdes el momento que vivías al hacerlo.

De vez en cuando, uno que otro tiene sentido y pasa a otra realidad en mis escritos. Tenían una razón para existir, pero de esto solo hay pocos. Por eso hay que soltarlos a la realidad.

¿Sueltas tu mano de vez en cuando?

Serie- Vida cotidiana de una escritora #2: Lucha

Struggle of the soul

Se siente el azote cálido de la brisa que viajó a través de las casas de la urbanización, recorrió suavemente el asfalto y recogió el vapor que de estos emerge y le convierte de refrescante a insoportable. La piel pegajosa pide refrescarse, pero ni tan siquiera el líquido frío que baja por la garganta alivia. La energía eléctrica cada día está más cara y el bolsillo escaso de recurso, por tal no enciendo el aire acondicionado para aliviar la onda de calor. El trópico, irónicamente paraíso caribeño, nos quema. Tan solo estamos a principios de Junio, ¿qué nos deparará Julio y Agosto?

Entre esta adversidad mi alma lucha. Busca quién es en un mar de incertidumbres. Encuentra alivio en las vivencias de aquellos que no se dieron por vencidos, pero quema la incertidumbre tal y como el trópico hace con el cuerpo. ¡Quizás por eso el calor se siente aún más fuerte! Tiembla el alma ante la batalla. ¡Lucha!, grita el espíritu desde el fondo, mas el alma no responde al grito. 

Me he arrodillado ante la pereza y le he servido incondicionalmente por estos últimos meses. Ella me ha dado consuelo en una falsa comodidad, en falsas ideas. Mi cabeza sobre su regazo descansa y me siento como en un sueño donde todo está bien y nada falta. Tiembla el alma ante la batalla. Lee lecturas de la biblia por las mañanas para alimentarse y fortalecerse y reza por las noches con su familia. Mas se niega en trazar a la espera de una acción que traiga una reacción. ¡Despierta!, grita el espíritu desde el fondo, mas el alma no responde al grito.

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Photo credit: jot.punkt via Foter.com / CC BY

 ¡Lucha!, vuelve a gritar con todas sus fuerzas. ¡Despierta!, escuchó el alma y mi cabeza se levanta de sobre el regazo. No luches más contra lo inevitable, lucha por lo que puedes hacer. Es a Su tiempo y no al tuyo

Se ha malgastado un tiempo valioso que no se podrá recuperar. A la realización, se acerca la culpa sonriente y susurra sus palabras venenosas al oído. Deja que hable, no sucumbas a sus encantos. Los fuertes la ignoranDetrás de ella la pereza espera paciente por el llamado que la traiga de vuelta. ¡Oh, alma mía, como te he maltratado! 

Comienzo a trazarlas en el computador, mientras lucho con el deseo de abandonarles. Letra a letra, duelen. Duele el intento. Duele el soñar con lo próximo a decir. Duele el encanto que traen al alma y la satisfacción de un anhelo cumplido de convertirle de una reacción química neuronal existente en la mente a un producto concreto que pueda ser percibido por otros sentidos. El dolor se convierte en una seducción a mis sentidos, en fuego que quema y enciende la pasión. Respiro, sonrío. Mas la pereza está cerca aún, esperando por el llamado que la traiga de vuelta. Lucha, que te duela en el alma, lucha, susurra el espíritu. ¡Qué sin lucha no hay victoria para el alma! 

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