Lo que nos llevamos / What we take

Lo que nos llevamos

English version below the Spanish

“Disfruta de las cosas pequeñas de la vida, porque un día mirarás atrás, y te darás cuenta que eran cosas grandes.” -Anónimo

El día era caliente, la brisa que de vez en cuando nos acariciaba era tibia, y ni tan siquiera la sombra de la glorieta calmaba las altas temperaturas corporales de esa tarde de domingo. Nuestra conversación se desplazó bajo la estructura de concreto, luego de alejarnos rápidamente de la candente barbacoa, y allí hablábamos de las memorias que se construyen en la vida y que uno se lleva consigo y tienen más valor que cualquier cosa material. Las que valen la pena realizar, las que se hacen por amor, por felicidad, por satisfacción, por los logros, por las metas de la pasión y del talento. Por el camino que se recorre para llegar a lo propuesto.

“La familia, los momentos pequeños de hoy se transforman en las preciadas memorias del mañana.”

Momentos en la vida que se transforman en recuerdos y nos llenan de algo positivo que nos hacen sonreír o llorar, que despiertan una explosión de sentimientos. Los que nos marcan el alma de una manera especial y transciende la vida mortal. De otra manera, ¿qué razón tendríamos para esforzarnos tanto en crearlas?

“La vida es acerca de momentos: no los esperes, créalos.” –Dopexlegit #802

Como escritores, ¿qué nos llevamos? ¿Cuáles son los momentos de deleite o lucha que se han transformado en memorias que despiertan todo tipo de sentimientos?

La travesía de la escritura la recorro sobre esa línea fina que divide el amor y el odio. Es una rocosa que me acerca, de vez en cuando, más a una que a la otra. Mas al mirar atrás, translucientes, están allí los recuerdos de esa fantástica y serpentina travesía.

¿Qué nos llevamos como escritores?

Los de la creación de una descripción de un lugar o lugares, donde los personajes se desarrollan y sus luchas se concretan. Sin ellas el personaje está desnudo, flotante en el limbo, y junto a él estará el lector que las necesita para comprender a fondo las luchas externas que influyen a las internas.

La creación de un personaje y sus conflictos externos e internos.

El látigo sobre el personaje para que forzarlo a crecer.

La sonrisa al concluir una historia.

Una conversación amena sobre la importancia de una vida llena de recuerdos creados por los momentos inolvidables, me llevó a pasear por los que he creado como escritora. No es una compleja, de fama y de gloria, pero una simple con momentos especiales de crecimiento como disfruto la vida. Donde la importancia está en esos recuerdos que ensalzan al presente y transforman la visión del futuro. Los recuerdos que te impulsan a continuar la rocosa y serpentina trayectoria.

Eso, y las horas, es lo que me llevo como escritora

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What we take

“Enjoy the little things in life, because one day you’ll look back, and realize they were the big things.” -Anonymous

The day was hot, the breeze that occasionally caressed us was warm, and not even the shade of the gazebo soothed our high body temperatures that Sunday afternoon. Our conversation moved under the concrete structure after we quickly moved away from the hot grill, and there we talked about the memories that are made in life, and are more valuable than any material thing. The ones worth making, those made for love, for happiness, satisfaction, achievement, for our goals and talent. For the journey we embark to reach what we proposed in life.

“Family, today’s little moments become tomorrow’s precious memories.”

There are moments in life that become memories and fill us with something positive and make us smile or mourn, that spark an explosion of feelings. Those are the ones that mark our souls and transcend mortal life. Otherwise, what reason would we have to strive to create them?

“Life is about moments: don’t wait for them, create them.” -Dopexlegit # 802

As writers, what do we take? Which are the moments of delight or struggle that have become memories that arouse all sorts of feelings?

The writing journey I walk on is that thin line between love and hate. It is a rocky one that, occasionally, takes me near one or the other. But looking back, translucent, are the memories of that fantastic and serpentine journey.

What do we take as writers?

Those of the creation of a description of a place, or places, where the characters will develop and their struggles materialize. Without them the character is naked floating in limbo, and next to him is the reader who has the need of it to thoroughly understand the struggles that influence the character externally and internally.

Character development and his external and internal conflict.

The pressure on the character to force it to grow.

The smile at the end of a story.

A pleasant conversation about the importance of life’s memories created by unforgettable moments, took me for a stroll through the ones I’ve created as a writer. Is not a complex one, surrounded by fame and glory, but simple with special moments of growth like I enjoy life. Where the importance of it, is in the memories that extol the present and transform the vision of the future. The memories that drive you to continue the rocky, serpentine path.

That, and the hours, is what I take as a writer.


La fruta del campo

El comer pomarrosa me transporta a mis días juveniles en el pueblo de las flores, Aibonito. Cuando antes de jugar en el campo saqueábamos, mi hermano y yo, el palo de yambo que estaba al final de la jalda cementada que servía de entrada a la finca de mamá Duve. Seseábamos el deseo que se metió en nosotros con su aroman sutil a rosas cuando de la loza llegábamos la noche anterior.

Tan solo de mirar esa fruta carnosa los recuerdos viajan al pasado lejano, a las noches frías características del llano, los juegos de briscas en la marquesina arropados de pie a cabeza con suéteres y frisas, a los mosquiteros que nos resguardaban durante la noche al dormir. La residencia de la matriarca era, y para algunos sigue siendo, el lugar de encuentro familiar; sitio sagrado de los Santiago Ortiz. Donde nuestro corazón late y encuentra paz entre los platanales, el canto de los gallos, el agrio de las naranjas con las que hacíamos maldades para inaugurar a los recién llegados a la familia.

Un riachuelo, ahora seco a causa de las construcciones de urbanizaciones aledañas, recorría el largo en el área este de la finca. Uno que varias veces engolfo nuestros juveniles cuerpo al caer en él por nuestros infructuosos intentos juguetones de cruzar a la otra orilla. Jaulas de conejos estaban cerca de él, les alimentábamos con el permiso de tío Coco, y quienes veían su fin en un guisado hecho por las mujeres de la casa. Pepinos colgaban de los árboles de panapén, y pobre de aquel que les tocara, su traspasar lo sentían en la punta del cinturón de cuero de mamá.

Las vivencias que viví en los campos de Aibonito, donde la miramelinda reina y embellece con su color el verde de las jaldas, son en mí enseñanzas de amor, de un estilo de vida diferente al que vivo en la loza. Ah! De la loza salgo para regresar al barro donde mi corazón pertenece y donde mi linaje nació. Al ver a mis hijos jugar y recorrer en la residencia de la matriarca me enorgullezco, pues aunque sea un poco de mi niñez le doy.

La última vez que visité Aibonito, tomé de la mano a mi hija y con ella me fui a recorrer los caminos que a su edad me veían pasar. Mucho había cambiado, hasta el arbusto de granadas de tío Chucho había desaparecido. Los cambios en esos momentos no eran importantes más sí las anécdotas que le pude contar a mi hija y ver en sus ojos la misma ilusión que yo sentía. Sonreí alegre al reconocer en esa ilusión que mi hija sentía en su alma la paz que amo de aquel lugar. Más mi alma se estremeció al llegar de regreso a la finca y ver a mi hijo jugar encantado con su primo en la misma jalda que yo lo hacía con mi hermano y mis primos.

La pomarrosa tiene forma de corazón y allí entre los llanos amparados por las montañas de la cordillera central, está el mío. Donde comenzó mi linaje, a donde el anhelo familiar regresa.




En el momento

Porque un momento que perdura en el recuerdo es regalado en la inocencia de un pequeño, su placer para la diversión con sencillos instrumentos como la arena y las aguas saladas del océano atlántico. Bajo los rayos de un atardecer que se viste de nubes grisáceas con tonalidades blancas, y baña la superficie del agua con destellos dorados. El alma se vuelve a la serenidad, se abraza a la naturaleza desnuda que enfrente se desviste para ser amada. Se sonríe placenteramente, porque se ha recuperado lo que al alma, al espíritu y al cuerpo le hacía falta. Es tan solo un lapso de tiempo que cubre segundos que se transforman en minutos, y estos a su vez en horas; pero que son plasmados e inmortalizados en pintorescas fotos que ayudan a aquel que ha tenido esas vivencias, sonreír nuevamente. Un momento que sana, con aquellos que te brindan amor diariamente.


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