Silvia Ochoa, “Historia” / Irma Zermeño, “Debajo, una mujer”

HISTORIA
Por Silvia Ochoa Ayense

Torres de arena que me miran ingenuas.
Vacíos que se esconden bajo sombras.
Bullicio de gente que fotografía cada rincón.
Rincones inhabitables que añoran multitud.
Historias que pesan en el ambiente.
Secretos ocultos que jamás vieron  la luz.
Sonrisas placidas que avecinan nostalgia.
Corazones  latientes que buscan más.
Ansiedades que surgen a causa de presencias,
presencias que son intocables,
presencias que son premonitorias.
Castillos que agasajan con su neblina,
neblina falsa, neblina pasajera.
Banderas que ondean llamando la atención.
Museos que cobran vida a los ojos de inocentes.
Miradas de asombro que se entrecruzan.
Aullidos silenciosos  que  atracan al visitante.
Sueños que son veloces, se escapan.
Bostezos de gente ignorante, de gente sin luz.
De gente a la que no le importa el pasado,
no creen en él, están sentenciados a la guillotina.
Guillotina superflua en estos tiempos.
¡Cuántas derrotas acumuladas en el baúl!
¡Cuántas ausencias  que se creían inmortales!
¡Cuánta historia perdida que vaga en lugares muertos!
¡Cuánto espacio ocupado por pantomimas!
¿Dónde queda la verdadera historia?
Seguramente enterrada entre líneas.
Somos vagos para reconocer la realidad.

©Silvia Ochoa Ayensa. Todos los derechos reservados


“La poesía, la gran olvidada, secretos del alma que muy pocos se aventuran a descubrir y los que se aventuran a veces no comprenden y se rinden pronto. Pero hay que luchar por ella…” Éstas fueron las palabras que me dirigió Silvia Ochoa, una amante de la literatura cuando le hice el acercamiento para participar en Poesý 20/10. Silvia, que entre sus creaciones literarias esta El mimo que atravesó mi ventana, dice no ser poeta considerando éste término demasiado serio, “tan solo intento vencer mi timidez a través de las palabras, palabras encadenadas que forman una elegante y sonora poesía, en algunas ocasiones, y en otras tan solo son despistes de un alma que ansía su libertad.” Y luego dice no ser poeta.

Puedes conseguir a Silvia Ochoa y sus trabajos en Sorianita y Sorianita, sus blogs, como en Facebook. Participa también en Plataforma de Autores Noveles, donde la conocí, y sus libros los puedes encontrar en Libro Virtual y Bubok.


Debajo, una mujer

Por Irma Zermeño

Te diste cuenta
pareces haberlo notado.

Debajo, había una mujer con sus islas y escollos,
cueva de rincones absolutos nunca desiertos.
Bajo la cabellera en desorden
bajo la piel enrojecida, huérfana de frío

debajo del sol,
había una mujer.

Mujer debajo, mujer delante
animal a lo largo de una ancha herida
mujer a todo lo largo de la piel cubierta.

Pobladora de libertades,
dueña de rutas imposibles y accesos concedidos.
Manantial de seda.

Ahí, debajo,  a través de los siglos y los tiempos muertos
desplumada de las alas del miedo
despojada de palabras,
desnuda bajo abrigos de apariencias.

Lejana a tu, cualquiera, posible impresión
ausente de proyectos, carente de futuro
rebosante de inmediatos.

Ajena a lo cotidiano,
ignorante de lo que te ocupa, de lo que te viste y guarece
ajena al barniz de vocaciones y resultados
ajena a todo menos tu mirada águila,
tu simiente intento, paso de tigre.

Ella lo sabe
ella que vuela en desmesura y puede leerte entre párpados,
ella que concede al paso un leve instante,
una mínima franja, un momento apenas que roce la tierra
hasta saberla y reconocerla
y de puntillas alzar de nuevo.

Levar anclas,
llevarte en la mirada llena,
llevarte…

Pareces haberlo notado.

Debajo, había una mujer
soplido de ángel, sorbo huracanado
lento trago compartido.
Aguamiel.

Mujer sin dueño, sin historia.
Mirada belleza que trasciende contornos
ojos promesa de lo indecible,
cima de montaña.

Te diste cuenta
pareces haberlo notado.

Águila danzante,
mirada sin retorno, raíz embriagada
garra que aferra.

Da ese paso
que huelga de palabras y mañanas tibias
que te vuelque al gesto lumbre.

Ella despeja la insignificancia, desmorona recuerdos,
serena tempestades.
Te lleva de la mano,
en el modo en que la tocaste con los ojos
sólo con los ojos…

Pareces saberlo,
el vuelo ahueca la escasez,
puebla los ojos,
revela el sol
para debajo, hallar una mujer.

Humo inasible. Ojo de agua entre los dedos.
Águila o sol. Ambos.
Águila, sol y una mujer a lo ancho y largo de su piel.

Pareces haberlo notado.

© Irma Zermeño. Todos los derechos reservados.


Irma Zermeño

En la voz de la poeta Irma Zermeño la introduzco. “Soy inconstante como electrocardiograma; un revoltijo al conversar; mi mejor posesión: la memoria; de los sentidos, soy olfato. Inasible y clara; celosa de mi espacio y mi tiempo a solas. Soy casi puntual; pudorosa e impúdica a un mismo tiempo. Sostenida por una especie de fe que me abriga con fuerza corrosiva. Mi mayor odio: a la parálisis. Soy pies descalzos, antifaces, amante de la luna llena; aferrada al instante presente; enemiga de la rutina; fotos Polaroid y escribidora a sus pies. Recurrente como una ola; renuente si se trata de olvidar y en coqueteo constante con la palabra”.

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