Estimular la Creatividad a través de los sentidos: la audición

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Usamos nuestros sentidos todos los días, pero no tomamos el tiempo para obtener más de ellos. 

Tenemos que recordar que la descripción de un lugar, un sabor, un olor, un sonido, una sensación es muy importante en la narración para que el lector se crea que esta allí en ese lugar degustando esa comida, que escucha la música… Esto nos ayuda grandemente a traer a la vida los personajes de nuestras historias, la descripción del ambiente que les rodea, el olor de un perfume o la comida…

¿Cómo podemos lograr estimular nuestros sentidos? Fácil, con ejercicios de practica sencillos que te obliguen a poner tu memoria, que lo tiene todo guardado en tu cerebro, a trabajar y ha realizar descripciones de lo que escucha, ve, siente o toca, huele, y saborea. De esta manera cuando llegue ese momento de una descripción en particular en tu narración, fluirá con facilidad y no te encontrarás en la búsqueda de las palabras acertadas para traer a la vida la descripción.

Hoy empezaremos con la audición.


La audición

audición

 

 

“La discriminación auditiva: se relaciona con la habilidad para reconocer, diferenciar, sintetizar y recordar sonidos.

Es susceptible de desarrollo mediante el ejercicio y la práctica.

Nuestros oídos juegan un papel principal en la estimulación del cerebro. El Dr. Alfred A. Tomatis afirma que escuchar, no oír, es la función primaria del oído. Oír es un proceso pasivo, escuchar es un proceso activo que requiere un uso adecuado del oído. Escuchar es tanto la habilidad de captar información.”

Texto extraído del documento “Despertando sensaciones”, del Grupo de trabajo del C.P. de Educación Especial nº 1 de Valladolid.

Estamos  rodeados por ruidos y diferentes sonidos diariamente, estos se convierten en algo natural en nuestras vidas. Sabemos que un carro se acerca al cruzar la calle, porque estamos acostumbrados a ese sonido. Se nos hace fácil reconocer las olas del mar y diferenciarlas de las corrientes del río. Respirar profundo cuando la brisa suave hace que las hojas de los árboles dancen elegantemente.

Podemos reconocer cientos de sonidos, diferenciarlos, pero ¿qué sentimientos traen a nosotros estos sonidos? ¿Cómo somos capaces de hacerlos transcender del mundo real y captarlos en el papel? Muchas veces no podemos, se nos hace difícil describirlos y debemos hacer una pausa en nuestra escritura para volver a conectarnos con nuestros sentidos para poder escuchar, relacionar y realizar una descripción.

La cita arriba nos hablaba que escuchar es estimular el cerebro, y eso es algo que debemos realizar a la hora de ponernos a crear. Como escuchar es la habilidad de captar la información y filtrarla, eso es lo que vamos a hacer.  Vayamos a escuchar los sonidos a nuestro alrededor y a capturarlos. Por ejemplo, que sentimientos nacen en nosotros, las ideas, los recuerdos que emergen en nuestra mente al escucharlos. Los sonidos también traen con ellos historias ocultas


Escuchemos

Ejercicio de la audición

Def descripción

Definición de “Dime que ves

Para realizar este ejercicio vas a escoger un lugar para estar. Ya sea el patio de tu casa, enun parque, frente a la playa. Escoge un lugar que se escuchen los menos sonidos posibles. Donde no haya mucho tráfico, una multitud de personas. No vas a oír, vas a escuchar atentamente los sonidos a tu alrededor. Te vas a concentrar en un solo sonido. Lo internalizas por varios minutos y luego escribes o dibujas. Recuerda, describe el sonido, qué sentimientos nacen en ti a causa del sonido, a qué te recuerda, una memoria… Haz esto de 5 a 10 minutos. Repíte el ejercicio 3 o 4 veces en la semana y ve aumentando el tiempo o como te sientas mas a gusto lo puedes dejar en 10 minutos. Cuando lo repitas, cambia de lugar, de ambiente para que descubras y describas nuevos sonidos. Lo importante es que te des la oportunidad de estimular la creatividad al escuchar. Ahora ve y diviértete, date amor. 

Al terminar, guarda lo que escribiste y léelo con calma al otro día. Disfruta lo que escribiste. Pregúntate si la descripción que hiciste te hace recordar el sonido. ¿Que mejorarías de esa descripción? Juega con las palabras y déjate llevar por ese primer escrito y reescribe.


 

Cualquier pregunta o duda, envíame un mensaje. Estoy aquí para ayudar. Ah! No tienes que compartir lo que escribiste. Pero si deseas compartir fotos de ti realizando tu actividad, no olvides utilizar el #estimulalacreatividad y me pones un tag en instagram. Me encantaría verlos. Anima a otros a hacer estos ejercicios que, son sencillos, pero enriquecedores y con la práctica continua verás los resultados. Hay que ser consistentes y practicar para crecer. Nos vemos, un abrazo.

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Ella nos tragó: una vivencia del huracán María

#escribo, #vidacotidianadeunaescritora, Artículos/Articles, de la vida, Inpirador/Inspirational

 

Silente salió de su cauce en la oscuridad nocturna para apoderarse de cientos de hogares, de mi hogar. Una mezcla de ansiedad y coraje se anidó en mi ser al ver lo que se aproximaba y yo, que estaba en mi lista de prioridades y nunca hice, no estaba preparada para su venida. El terror rasguñaba mi pecho en cada latir, la observaba perpleja, “Todo va a estar bien, con calma,” me dijo mi madre. Entré y le expliqué a mis hijos lo que ocurría mientras buscaba la escalera para bajar las maletas.

Una voz me dictaba lo que debía hacer no dejando que la ansiedad me detuviera. Mis hijos, tan asustados como yo, estaban enfocados en mis directrices mientras mi esposo y mi madre movían las guaguas a un lugar seguro. Guardé lo material de importancia, hice maletas, pusimos la gata en su casita con su comida, y junto a mi familia le hicimos frente a sabiendas que pasaremos por ella, pero ella ganaría la batalla.

Cerca uno del otro íbamos en fila, mi esposo al frente cargando al pequeño en su brazo izquierdo y en el derecho la gata. Le seguían de cerca mi madre, mi suegro y mi hija, quienes, cargados con bultos y maletas, se sumergieron en su cuerpo líquido. Sin pensar en lo que había en su interior, mi pie se sumergió en su frialdad y podredumbre. Mientras más avanzaba, su nivel sobre nosotros escalaba hasta llegar a la mitad del torso. Nuestro movimiento le hacía hablar y creaba ondas que se exparsían sobre su superficie y chocaban con la basura flotante y los escombros dejados por el temporal. El deseo latente de sobrevivencia nos empujaba a caminar. En la garganta el taco de la tristeza.

Nuestro tramo fue corto. Salimos de su fauce cargando no solo nuestras pertenencias, sino su líquida esencia en nuestra vestimenta y piel. Las miradas de los vecinos estaban clavadas en ella a la espera de su no deseada cercanía. La incertidumbre marcaba sus rostros como marcó el mío minutos atrás.

Por entre ramas de un gigantesco flamboyán arrancadas sin piedad por los vientos ciclónicos, caminamos con precaución y ligereza hasta el estacionamiento del banco donde las guaguas fueron estacionadas por mi madre y esposo. Respiré un poco aliviada, mas al mirar mi hogar al otro lado de la calle me di cuenta que ella estaba cerca de nosotros. Nos acecha como si deseara devorarnos. Era una advertencia de no mirar atrás, de no regresar a lo que ahora era parte de su dominio.

Marcados, marchamos a buscar una seguridad incierta atravesando la 167 que estaba bloqueada en parte por tendido eléctrico, árboles caídos y agua. Cerca del destino las luces añiles alumbraban la oscuridad a la distancia. Al llegar me bajé, subí las escaleras con llave en mano. Toqué a la puerta, le llamé con desespero tratando de encontrar la llave. Madrina, soñolienta, abrió sorprendida de verme.

“Se inundó mi hogar,” le dije.

“Vengan,” dijo, “aquí van a estar bien.”

Sin embargo, las noticias de que estaba cerca a nosotros y tal vez debíamos desalojar, mató cualquier sentimiento de seguridad. A donde ir se formulaba en mi mente a cada segundo. Mi madre, mi madrina y mi esposo verificaban qué debíamos hacer. A la espera calmaba a mis hijos y escuchaba la radio que daba noticias de que mi urbanización ella se la tragaba y había personas atrapadas en los techos de sus hogares. ¿A dónde ir?

“Nos quedamos, pase lo que pase. Si llega, subimos al tercer piso, pero no voy a sacar a mi familia a buscar un sitio seguro como están las calles de devastadas.”

Las voces maternas se hicieron eco de su determinación, “No nos vamos, eso no va a llegar aquí.”

Vertimos lágrimas copiosas a la realización de lo que pudo ser para nosotros de no darnos cuenta a tiempo, de no tomar decisiones de tener en nuestro hogar a nuestros seres queridos al no darle otra opción antes del devastador evento atmosférico. Esa, y cuatro adicionales, pernoctamos en techo ajeno, pero familiar a sabiendas que cientos no corrían la misma suerte.

Tres días después, fuí a reclamar mi hogar que ella finalmente abandonó y comenzar a borrar las huellas que dejó tras su paso. Al mirar habitación tras habitación, me doy cuenta que aún hay para continuar sin comenzar desde cero. El taco en la garganta se anidó, deseo llorar, pero me aguanto. No tengo derecho alguno de quejarme, ninguno. Traigo a mi mente las miles de personas que lo perdieron todo y miro el toque amargo que me tocó vivir. No tengo derecho alguno de quejarme, ninguno. A pesar de lo perdido, tengo cuando otros no tienen. Tengo y por lo tanto no he perdido. Todo lo contrario, ella nos azotó y nos obligó a caminar un sendero que nunca hubiésemos escogido por miedo a lo incierto. Uno que reeducó nuestra forma de ver nuestra sociedad y a valorar lo que tenemos. Todo comienza en casa, así que comenzamos a caminar ese nuevo sendero con mapo y cubo en mano.

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