El Único recuerdo


—La negrita esa no entra en casa —le expresó su hermana mayor.

Él —blanquito, rubio, de ojos azules, un bastardo descendiente de una familia española pudiente— le importó un bledo, porque la negrita había entrado en su corazón.

Décadas después, el Alzheimer hizo suya a su hermana, dictaminó en ella las memorias a recordar, las personas que deseaba a su lado. Fue la negrita que despreció durante las décadas en las que hizo una familia con él, el único ser que deseaba la cuidara, la protegiera de su familia, que la salvara del lugar donde la pusieron.

La negrita esa, como ella la llamó y a quién él amaba, la cuidó con amor, le llevaba su cómida favorita. El rostro de la negrita y su nombre fue lo único que su hermana nunca olvidó.


Este microcuento es un recuerdo de antaño, unas palabras que el viento se llevó, que fueron contadas como parte de las historias que formaron a mi familia. Contada en mi propia voz.

Alexandra