Un día a la vez


Lunes, 11 de enero de 2021

Un cambio he decidido realizar en lo que debió ser mis páginas matutinas y se transformaron en un desahogo, en planes realizados y otros abandonados, en una abertura del alma que a veces agradece.

¿Qué realizaré o llegaré a alcanzar en esta vida como escritora?, aún no lo sé o identifico. Sé lo que quiero, pero a veces no veo o creo el camino para llegar a él. A veces pienso que voy a su lado, pero no en él.

La escuela está por comenzar. El miércoles para ser precisa. La rutina va a cambiar, a escurrirse nuevamente en mi vida. Atípica, incierta, distinta. Impregnada de dejadez, no, de un lapso de vida. Sí, aún se vive, pero no se vive. Es una sobrevivencia entre una estructura de cemento que trae una seguridad entre comillas. En ella se vive, algo, pero se vive. Se vive en dejadez.

Desahogo, casi. Se coló entre las palabras que iba a liberar para proclamar un cambio en mis palabras matutinas. Y entre este desahogo llega la idea de compartirlas en mi blog. ¿Por qué no?

De vez en cuando; de cuando en vez. No está de más darlas al mundo y que vean quién eres, cómo eres, qué deseas, qué no deseas. Abrirte y darte. Desahogarte.

¡No! Esto no era lo que iba a realizar cuando decidí escribir estas palabras esta media mañana acompañada por flores que servirán de experimento para la feria científica —una pena, son hermosas— y el lejano y hermoso cántico de las verdes cotorritas que han hecho del gigante flamboyán su hogar.

Vine a escribir un plan que transmutó en otro, pero que voy a realizar agarrado de la mano de ese que surgió entre la caricia del bolígrafo y el papel.

¿Cuál es ese plan?, me pregunto para no olvidar. El escribir algo corto de un insiginificante suceso ocurrido entre mi despertar, el café de la mañana, las oraciones —sí, rezo para alimentar mi alma and I suck at it— y las letras. Narrarlo como un suceso literario para crecer como narradora. Un ejercicio que nutra mi creatividad a través de mi cotidianidad.

No prometo que esto será algo diario. No soy buena en compartir mis frustraciones, ni mi estado de ánimo, ni mis sentimientos, aunque ya mi esposo los conoce y, sin preguntar, hace lo posible para alegrarme. No, no prometo nada para no desepcionar. Un día a la vez, así lo tomaré y con lo que venga. Un día a la vez a sabiendas que algunos escritos serán interesantes y otros un intento.

Alexandra