La impaciencia me llevó a errar

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Es una lección de vida que llevo clavada en el alma y que nunca olvidaré. Una que ha sido mi maestra en mis proyectos literarios y, a veces, en lo personal. No hablo mucho de ella como si fuese un secreto que no deseo compartir con nadie. Tengo mis razones, pero hoy las pongo a un lado para traer a la luz esa equivocación en mi carrera como escritora.

Para eso del 2009, si mi mente no me falla, di luz a una historia de fantasía. Amo esa historia y se me parte el alma cada vez que pienso en ella. Su joven heroína, una escritora, ha perdido su inspiración tras la muerte de su padre. No encuentra las palabras para contar sus historias y se lanza a los brazos de la desesperación. Su mejor amiga da con su posible solución y la lleva a la casa de su abuela que es una egiptóloga retirada. Es la abuela quien le revela que en Egipto, en una tumba recientemente descubierta, se haya la manera de llegar al Valle de la Inspiración. Este valle, dominio del dios Tot, fue visitado por muchos escribas y poetas egipcios quienes como ella perdieron su inspiración. Sin nada que perder, la joven heroína se embarca a buscar el valle y en esa aventura encontrará lo que realmente está buscando.

Sí, adoro esa historia que surgió de una simple pregunta y le dio riendas sueltas a mi imaginación. Y mientras escribo estas palabras se escapan varias lágrimas. Pero, ¿cuál fue el error? La impaciencia por sacarla al plano de la realidad: verla impresa. No me di el tiempo necesario para editarla correctamente y hasta errores gramaticales tiene. No le di la madurez que cada historia a ser leída se merece.

Este error es ahora mi maestro de vida, mi guía para otros trabajos literarios. Sin embargo, durante esa trayectoria tuve la oportunidad de conocer escritores y poetas con los que aún mantego contacto y que me han enriquecido de sobremanera. ¡No todo fue cuesta abajo! De los errores se aprende, dicen aquí en la Isla del Encanto, y ellos nos ayudan a convertirnos en mejores personas. Soy una versión mejorada de la escritora que era en ese entonces y me enorgullece verla en el espejo, leerla en las palabras.

Estoy sonriendo en estos momentos. Compartir esto con ustedes es quitarme una pena que he cargado por mucho tiempo. Se cometen errores diariamente, pero lo importante es aprender, levantarse y no darse por vencido por la vergüenza que puede uno sentir a causa del error. Aceptarlos, como he hecho en este momento, sana y da fuerzas a seguir andando.

El pasado mes me inscribí a tomar el “Masterclass de Margaret Atwood“. Ella dijo unas palabras que se han quedado en mi mente y las repito constantemente y son las que me llevaron a compartit esta historia contigo:

Te conviertes en un escritor al escribir, no hay otra manera. Así que hazlo, hazlo más, hazlo mejor. Si fallas, falla mejor.

Hasta la próxima, un abrazo.
Alexandra Román

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