Capítulo Seis: Las Puertas Carmesí, 1ra Parte


Para los capítulos anteriores, visitar la sección ‘Los Hijos de Oshmdwa

Capítulo 6

Las puertas carmesí

Primera Parte

“¡No me mire así, Senín!” Exclamó con voz baja la princesa Dinorah. Senín le miraba con angustia. El pedido de la princesa de detenerse en el monasterio, ahora se sentaba en su mente como una solución a los futuros ataques de Su Alteza. Quizás no desaparecerían, pero cualquier cosa que el Unnfrid pudiese hacer para prevenirlos o ayudar a minimizar el dolor que causaban a la princesa, serían bienvenidos. Su Alteza estaba segura que el Unnfrid no se negaría en viajar con ellos, pero Senín le arrestaría de él negarse. Algo que discutiría con la princesa Dinorah para dejarle saber su pensar, quería asegurarse que el Unnfrid supiera que no era una petición basada en buena voluntad y misericordiosa, sino una orden.

El estado en que se encontraba Dinorah le preocupaba de sobremanera, y ese era solo el primero que él experimentaba. Se le notaba no solo en sus ojos, sino también era evidente en su rostro. Cuando la princesa hizo la observación, Senín tornó su mirada hacía donde los Sarai se encontraban esperando pacientes, algunos de ellos mantenían guardia en los alrededores. Le confortaba conocer que ninguno de ellos le vio en un estado vulnerable, aunque este demostrara que tenía sentimientos. Solo aquellos cercanos a él conocían sus sentimientos, como sus sirvientes que vivían y trabajaban en su villa. No tenía familia cercana y por su estilo de vida no había tomado esposa. No había tiempo para el amor cuando su vida y su lealtad estaban enfocadas en el rey.

El amanecer estaba pronto en llegar, la princesa estuvo inconsciente por alrededor de dos horas, así que era necesario continuar. Senín miró de reojo a Nart y con un pequeño movimiento de su cabeza, le indicó que se acercará. No quería importunar a la princesa con preguntas sobre cómo se sentía, lo cual era obvio, y la mejor forma de hacerlo era a través de Alora, pero ella no se despegaba de su señora. Nart era la otra persona que se había mantenido al lado de las dos y ayudando a Alora en la atención de la princesa.

Cuando Nart se acercó, Senín le preguntó si la princesa podía continuar el camino o si debían esperar más tiempo a lo que se recuperaba por completo. Nart le sugirió que esperaran hasta que ella se hidratara un poco, Alora le había informado que hasta ese momento su debilidad no duraba mucho y recobraba sus fuerzas. Esta vez fue distinta, ya que la princesa soportó el dolor por mucho tiempo y podía ser que le tomara recuperarse.

Ante la explicación de Nart, Senín decidió esperar y no salir de inmediato. Se marchó a verificar que todo estuviese en orden, lo que confirmó al concluir su ronda. Los Sarai se notaban intranquilos y él sabía que era por su señora que estaban así. Como él, nunca la habían visto en ese estado y era impresionante ver a alguien a quien debes proteger con tu vida sufrir de esa manera y no poder hacer nada. Lo que estaba certero era que ese no sería el último, y fue mejor para todos, él incluido, haber presenciado el suceso tan temprano en su misión. Quizás de esa forma estarían más preparados a qué hacer cuando el próximo ocurriese.

Preparación era la clave para que no fallara la misión y ante lo inesperado había que tomar acción. Fue de inmediato a buscar a Berengüer, quién dialogaba con los exploradores que habían regresado al no encontrarse con el grupo en el punto acordado. A pesar de lo ocurrido el capitán de los Sarai se notaba sereno, como si no le hubiese afectado en lo absoluto. Cuando Senín se acercó, los exploradores se marcharon.

“¿Qué informan?” Preguntó Senín con seriedad.

“El camino es seguro y ha estado en desuso por años, Bńlekoh,” contestó Berengüer.

“Debemos continuar lo antes posible, goizane saldrá en varias horas y aún estamos muy cerca de Almĭdina,” hizo una corta pausa. Miró hacia donde yacía la princesa, “Ve y pregunta a la dama Alora cuándo estará la princesa en condición para continuar.”

Berengüer se acercó a Alora, estaba al lado de su señora quien aún estaba un poco pálida y no dejaba de mirar las llamas de la antorcha que habían colocado cerca de ella. Cuando Alora le miró, este con un movimiento de su cabeza le pidió que le acompañara. Alora lentamente se puso en pie y siguió a Berengüer. Se detuvieron solo a unos cuantos metros de donde la princesa estaba y quien aún permanecía a la vista. Él inmediatamente le preguntó cuándo pensaba que Lvadi estaría lista para continuar el viaje.

“Aunque está débil por el suceso, creo que podemos continuar. Su deseo es llegar lo antes posible al monasterio así tenga otro episodio aun más fuerte.” En su voz había preocupación, el deseo de confortarla vino a él.

“Le informaré a Senín, imagino que en media hora continuaremos. Le aconsejo que prepare al Lvadi para marchar. Tal vez deberíamos mantener la antorcha cerca de ella.”

“Tengo una lámpara de aceite en mi mochila que puedo mantener cerca de ella mientras cabalgamos. La luz es tenue, pero le dará sosiego.”

“Bien, no será tan evidente.” Berengüer le informó a Senín, quien de inmediato dio órdenes de prepararse para salir en media hora. La princesa aun débil montó en su caballo, tomaron la misma posición de antes y marcharon de inmediato. Senín miraba hacia atrás de vez en cuando para observar el estado de la princesa quien se mantenía cerca de la luz que nacía de la lámpara.

Una hora más tarde llegaron al lugar donde se suponía se encontraran con los exploradores, quienes ya habían marchado a toda prisa al segundo lugar de encuentro. Fue entonces, que Senín decidió aligerar el paso para poder recuperar el tiempo perdido. El sendero estaba marcado por los años de uso que había destrozado todo tipo de naturaleza, quien a paso lento se apoderaba de él disminuyendo su anchura. Entre la cúpula de los árboles los pájaros comenzaban a despertar, el cielo comenzaba a cambiar de color al este mientras que en el oeste aún permanecía el color oscuro de la noche.

Aquel que deseara hacer los rezos de goizane debería hacerlo mientras cabalgaban. Senín no estaba dispuesto a detenerse no hasta el medio día para darles descanso a los caballos y tomar alimento. Solo esperaba que la princesa pudiera soportar la travesía. Miró nuevamente hacia donde estaba ella, quien miraba aun la tenue luz de la lámpara a su lado. La dama Alora hacía lo imposible por mantenerla estable, quizás debía bajar la velocidad por lo menos hasta que el sol saliera por completo, no fuera que la lámpara se le cayera y tuvieran que detenerse por otro ataque de la princesa.

De la nada un silbido se escuchó seguido por el gemir de uno de los Sarai que cayó al suelo. Un segundo silbido, seguido por el grito de dolor de otro de los Sarai. “¡Estamos bajo ataque!” Se escuchó a otro gritar. Senín aún no conocía sus nombres y no sabía quién de ellos les advertía o quien había caído al suelo o el que estaba herido quien sujetaba fuertemente las riendas de su caballo. Una docena de flechas comenzó a caer sobre ellos hiriendo a varios de los Sarai. Senín tornó hacia el bosque para sacar a la princesa y a los Sarai de la vulnerabilidad del camino y tener mejor protección bajo las sombras de los árboles. Cabalgaban a toda prisa y minutos más tardes Aigmund gritó, “Están detrás de nosotros”.

“¿A cuántos metros?” Escuchó a Berengüer preguntar quien se había colocado detrás de la princesa y la dama Alora, junto con otros tres de los Sarai. Mientras él se mantenía al frente.

“¡Cien!” Respondió Aigmund, su segundo al mando.

“Nart, continúa con la princesa y cinco de los Sarai hacía el punto de encuentro. Aigmund, tú y los cinco a tu izquierda conmigo. Berengüer, atacarás por el frente con el resto.”

Berengüer tornó su caballo junto con los Sarai a enfrentar a sus atacantes. Senín dejó que Nart y sus acompañantes se le adelantarán, mientras él se quedaba a su retaguardia. Minutos más tarde el sonido de espadas rozándose retumbó como un eco sobre las montañas. Luego de haber recorrido varios metros, Senín tornó hacia la izquierda adentrándose mas al bosque, Aigmund y los suyos le seguían de cerca. Continúo así por varios minutos para luego volver a doblar a la izquierda. Los sonidos de espadas danzando una con la otra se escuchaba a cada trote más cercano a ellos. Senín estaba concentrado en lo que debía realizar, no sabía el número de sus atacantes algo que no le preocupaba. Sacó su espada de la vaina, los demás imitaron su gesto. Dobló nuevamente a la izquierda, su respirar era lento, todos sus sentidos activos.

Los atacantes les superaban dos a uno, pudo ver desde la distancia. Los Sarai de Berengüer, unos a caballo y otros desmontados, luchaban arduamente. Los atacantes vestían una cota de malla sobre una chaqueta de cuero, algunos peleaban con hachas y otros con espadas largas. Varios aun llevaban en sus espaldas sus arcos. Los Sarai tenían ventajas sobre ellos aunque su número fuera mayor, lo que apaciguo a Senín. No podía distinguir si eran ladrones o mercenarios pagados, pero de sobrevivir alguno de ellos lo averiguaría.

No tuvo que esperar demasiado para tomar parte del ataque, a varios metros del lugar de ataque avanzó rápidamente para envestirlos con su caballo. Así fue, no le esperaban y varios de los atacantes cayeron al suelo bajo las herraduras de los corceles. Su espada chocó con gran fuerza sobre otra que le recibió con resistencia. Dio una vuelta y dejó que el acero se encontrara con el de su enemigo nuevamente. Su superioridad era evidente, su enemigo cayó al suelo luego que su espada se enterrara en sus entrañas.

Con su acero ensangrentado buscó a su próximo contendiente quien no lo hizo esperar. Igual que el anterior, este cayó al suelo con una de sus extremidades a varios pies de su cuerpo inmóvil sucumbido por una herida al pecho. Las manos de Senín se tornaron rojas carmesí, se podía oler el aroma a sangre y sudor por todas partes. Varios de los Sarai estaban heridos, pero la mayoría de los atacantes yacían muertos en el suelo. Solo varios de ellos montaron nuevamente en sus caballos y retrocedieron adentrándose en las fauces del bosque que era bañado por la luz del amanecer. El goizané se hizo esta mañana con el cantar de las espadas, pensaba para sí Senín quien encontraba ese cantar dulce al paladar.

Senín no permitió a los Sarai que marcharan tras los pocos atacantes que lograron escapar. Más trató de interrogar a los que estaban heridos sin obtener respuesta, estos murieron por sus heridas. Buscaron entre sus pertenencias, pero sin hallar nada que les diera una idea de dónde venían. Aigmund se acercó y dijo, “Reconozco el rostro de uno de ellos, le he visto en el palacio de Almĭdina.”

“¿Estás seguro?”

“Sí.”

“Alguien de palacio aviso de nuestra salida. Monten que este pudo ser una distracción para alejarnos de la princesa.”

“Los cuerpos, Lvadi.”

“Monten los de los Sarai caídos, por los otros no podemos hacer nada.”

Salieron a toda prisa luego de montar a los tres Sarai caídos. Senín esperaba que Nart pudiera alcanzar el punto de encuentro sin disturbios con la princesa. Su mente se llenaba de interrogantes. ¿Quién había enviado a esos hombres a atacarles? ¿Por qué deseaban muerta a la princesa? Por el tipo de ataque era evidente que no le deseaban viva, los hombres que habían enviado no eran disciplinados de otra no hubiesen atacado de inmediato con una docena de flechas. Las preguntas quedarían sin respuestas, por ahora la seguridad de la princesa era su prioridad y debía alcanzar al grupo lo antes posible. No solo para asegurarse de que estaban bien, sino también para atender las heridas de los Sarai y tomar una nueva estrategia.

Pronto la Segunda Parte del Capítulo Seis…

Todos los derechos reservados. Copyright© 2011 por Alexandra Román. Se prohibe reproducir, almacenar, o transmitir cualquier parte de esta historia, Los hijos de las sombras, y sus capítulos por entrega para el blog Mink en manera alguna ni por ningún medio sin previo permiso escrito de la autora, excepto en caso de citas cortas para críticas o citas.

¡Subscribete a los Feed de Mink! / Subscribe to Mink’s Feed!

3 thoughts on “Capítulo Seis: Las Puertas Carmesí, 1ra Parte

  1. ¡Brava Alexandra! Ahora la encrucijada, ¿cómo manejar la espera luego de estar atrapada en una historia? Te has ganado una lectora, mucha inspiración y buenas letras.

Deja tu comentario, comencemos un diálogo. / Leave your comment, let´s start a conversation.

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s