Capítulo Cinco: En Ruta 2da Parte


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Capítulo Cinco

En Ruta

2da Parte

Al Senín terminar su larga explicación, Dinorah se dio cuenta que era la hora de oración, pues la estrella dorada estaba en su punto más alto. Interrumpiéndole, preguntó, “¿Cuándo partimos?”

“Esta noche,” contestó con seguridad.

“¡Esta noche no hay estrella plateada!” Exclamó preocupada.

La exclamación tomó por sorpresa a Senín, quien contestó con la misma seguridad de antes, “Mejor para nosotros, la oscuridad y las sombras de la noche nos servirán de resguardo.”

De inmediato guardó silencio en espera de una oposición. Con su exclamación demostraba, en cierto sentido, temor de la oscuridad algo que él debía tomar en consideración. Los hijos de la luz no le temen a las sombras, pero tal vez en el caso de la princesa esto podía cambiar. Para Senín era importante que ella le comunicara cualquier preocupación que tuviera. Necesitaba estar al pendiente de ella, pero más aún conocer su estado emocional. Lo que se escondía dentro de ella era en sí de temer. Un pensamiento que trajo luz cruzó su mente y, por el momento, una pequeña serenidad. No era el temor a la oscuridad lo que debía preocuparle, sino la atracción a esta. Cuando esto ocurriese, entonces debería tomar acción de inmediato. Quizás el ir a solicitar la ayuda del Unnfrid no sería una mala idea. Sus conocimientos podían ser de gran ayuda a la princesa, y quizás su salvación.

El Bńelekoh Tekuh era un hombre de gran valentía, y la había demostrado en muchas ocasiones. Aunque sus encuentros violentos con los Oshmdwans, habían sido pocos, demostró en todas ellas que tiene el conocimiento para dirigir los soldados del rey y defender el reino de sus enemigos. No solo la victoria ha sido su recompensa, sino la paz que ganó para el reino. Por tal razón, el comentario impulsivo de Senín no le molestaba en lo absoluto a Dinorah, sino era de esperarse de él. Fue entonces, que dijo, “Así será, me encargaré de dar mis últimas instrucciones aquí en palacio, para que nadie sospeche de mi inesperada salida.”

“Asegúrese de que mantengan su bandera izada, al menos por una semana. Esto nos dará una ventaja, al menos en tiempo,” comentó interrumpiendo a Dinorah.

“Tomaré su consejo, Senín. Ahora, me tendrá que disculpar, pero como ve es la hora de oración, y para mí cada momento de ella es necesaria. Alora, le escoltará de vuelta a las escaleras.”

Senín, hizo un pequeña reverencia y se marchó junto con Alora. Antes de cerrar la puerta tras Senín, este le preguntó, “Dama Alora, tengo que saber algo de suma importancia. Por lo que dijo la princesa, ustedes han sido preparadas para lo que quizás se acontecerá. La pregunta es, ¿está preparada para realizar el acto? Recuerde, que sería, usted, quien tomase la vida de la princesa y no será nada fácil.”

Un corto silencio lleno el espacio entre ambos, pero la mirada de Alora se mantuvo serena y no dio indicaciones de temor alguno. Con seriedad, contestó a Senín, “Aunque mi amor por Su Alteza es como el de una hermana, no se deje confundir que este se interpondrá en mi deber. Por algo fui escogida entre muchas. El tiempo que estuve Ëwärd, me enseñaron muchas cosas de las que, usted, quedaría sorprendido. No se deje engañar por mi apariencia, pues parte de mi educación fue prepararme para ese momento. Recuerde que el acto sería uno de benevolencia, y no uno de violencia y odio,” hizo una corta pausa y preguntó mirándole directamente a los ojos. “¿Esto contesta su pregunta, Bńelekoh?”

Senín sonrió asintiendo con su cabeza, y dijo, “Sí, dama Alora,” y enseguida se marchó.

Al llegar al edificio de los Sarai, mandó a llamar a Nart y le pidió devuelta el mapa para realizar los cambios. Luego de hacerlo, le pidió a Berengüer que reuniera en el salón comedor a los Sarai, para darles las instrucciones para el viaje. Así lo hizo Berengüer, y en eso de media hora todos los Sarai esperaban impacientes por el Bńelekoh.

El salón comedor no era muy grande, pero estaba repleto de mesas largas y asientos. Algunos de los Sarai estaban sentados, y otros se mantenían en pie, todos a la espera del Bńelekoh Tekuh. Vestían sus uniformes de cabalgar que consistía en pantalones largos que se perdían dentro de una bota de cuero que llegaba justo bajo la rodilla chapada en metal por la parte frontal para resguardar la pantorrilla; su torso estaba cubierto por una brigantina marrón de cuello alto, dentro de esta, llevaban una camisa de mangas largas color azul claro con embrocados en oro; por encima de su brigantina utilizaban una chaqueta de cuero chapada en ambos antebrazos, que llegaba a la cadera y estaba ceñida a la cintura por un cinturón donde se hallaba la vaina en cuero y decorada con elegantes motivos en metal, donde descansaban sobre sus espadas. Algunos de los Sarai eran arqueros y gustaban de llevar su espada en sus espaldas. Las chaquetas que utilizaban tenían en la parte superior izquierda el emblema de la casa de Itana, que consistía en la estrella dorada irradiando rayos y rodeado por una corona.

Los Sarai conversaban entre sí, pero al escuchar la puerta abrirse todos tornaron sus rostros hacía ella y callaron de inmediato. El primero en entrar fue su capitán Berengüer, detrás del Nart, y, por último, Senín. Todos se pusieron en pie al ver a su capitán entrar, e irguieron sus cuerpos. Berengüer les dio una señal para que tomarán asiento, lo que hicieron rápidamente. Entonces, sin decir palabra alguna el capitán de los Sarai dio varios pasos hacia atrás para que Senín tomara la palabra.

Este caminó hacia el frente unos pasos, y miro seriamente a todos por igual, estudiándoles. Luego de varios segundos de silencio, finalmente dijo, “Se habrán preguntado desde que me vieron llegar cuál es la razón de mi visita. No se imaginen que sea una cordial. Sepan, ustedes, que su señora está en peligro y como heredera al trono es mi deber protegerla cuando ella pida de mi ayuda. Por tal, estoy aquí y tomo mando de sus soldados, los Sarai. Es mi deber y responsabilidad llevar a la princesa a Karmiérz, y con su ayuda lo lograré.”

Hizo una pausa y continúo, “Espero de, ustedes, nada menos que el mismo desempeño que el de los Tekuh Richari, pues han recibido igual entrenamiento. Así que, no deseo escuchar queja alguna, sino obediencia. Sobre nuestra misión, les informó saldremos un poco antes de la media noche por el túnel, y nuestra ruta la mantendré en secreto para la seguridad de Su Alteza y será revelada a ustedes a su debido tiempo. Debemos llegar lo antes posible a Karmiérz, así que nuestra misión dependerá mucho de nosotros. No será fácil ya que estaremos en movimiento la mayor parte del camino, y será muy poco el tiempo de descanso. Les pido se preparen mentalmente para una misión ardua y difícil, que tal vez realicemos sin ningún inconveniente. Por el momento, esto es todo lo que tenía que decirles, y recuerden que en nuestras manos está la protección de la princesa y su seguridad depende de nuestra capacidad de estar alertas a cada momento de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Dicho esto se marchó en silencio, Nart iba tras de él. Berengüer adelantó unos pasos y dijo, “La princesa cabalgara junto con nosotros, no habrá necesidad de la carroza. ¡Edmnd!”

“Mi capitán,” contestó Edmnd, quien se encontraba en la parte posterior del comedor.

“Te encargarás de los caballos de la princesa y la dama Alora, si es necesario que alguno de los Sarai te ayudé, pues que así sea. Deben estar todos listos para partir antes de la hora indicada, por si así lo desea el Bńelekoh Tekuh o la princesa. Por lo tanto, espero que para el atardecer todos estén preparados y solo tengan tiempo para descansar lo necesario hasta la hora de partida. Es todo por el momento, pueden retirarse, Sarai Richari.”

Todos unísonos, contestaron haciendo una reverencia, “¡Señor!”

Se marcharon como les habían indicado a poner todo en orden, excepto por Aigmund. Este se acercó a Berengüer, y le preguntó, “¿Por qué no le han revelado a los Sarai que el rey a muerto?”

“El Bńelekoh lo creyó prudente, además no deseaba esparcir la noticia más allá. Si el enemigo la ha mantenido oculta de todo el reino, es mejor que no lo sepan los Sarai. Uno nunca sabe quien pueda estar sirviendo de doble agente, y más aún cuando la vida de la princesa está en peligro.”

“¿No crees qué los Sarai se darán cuenta?”

“No. Ahora ve y asegúrate que todo esté en orden, me tengo que reunir con el Bńelekoh que tiene nuevas órdenes que darme.”

Berengüer con miles de preguntas en su cabeza, fue a buscar a Senín, quien le esperaba en su habitación. Una vez allí, Senín le hizo sentarse junto a él y le dio nuevas órdenes. Debía escoger dos de sus hombres para servir de exploradores, quienes se adelantarían e investigarían el camino de cualquier problema que pudiesen encontrar, una vez salgan del túnel. Le indicó como deseaba la formación de los Sarai en torno a la princesa: arqueros en la parte frontal y posterior, aquellos con jabalina de igual forma ubicados; seis hombres con espadas largas debían estar frente y detrás de la princesa que estaría cerca de ellos dos, que irían al frente; incluyendo a Nart. Los demás en el centro, justo detrás de la princesa. Le informó, ordenándole no revelarlo, que visitarían el monasterio Éwärd a petición de la princesa y que les tomaría cuatro días en llegar, si todo marchaba bien. Al terminar, le preguntó si tenía alguna duda o comentario, y a la negación de Berengüer le pidió se marchara para poder descansar.

La tercera parte del capítulo cinco será entregada el 20 de julio de 2011.



Todos los derechos reservados. Copyright© 2011 por Alexandra Román. Se prohibe reproducir, almacenar, o transmitir cualquier parte de esta historia, Los hijos de las sombras, y sus capítulos por entrega para el blog Mink en manera alguna ni por ningún medio sin previo permiso escrito de la autora, excepto en caso de citas cortas para críticas o citas.

 

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