Capítulo Cinco: En ruta 1ra Parte


Para leer los capítulos anteriores, visita “Los hijos de Oshmdwa

Para el significado de palabras visitar el glosario

Capítulo Cinco

En Ruta

1ra Parte

Mapas antiguos y modernos se expandían sobre la superficie de madera de un elegante escritorio. Sobre ellos la concentrada mirada de Senín quién entre los detalles de la anatomía del reino de Argia, buscaba las rutas más seguras para llevar a la princesa a Karmiérz. Su mano sujetaba un compás que hacia caminar por encima del mapa, haciendo cálculos y anotaciones en un cercano papel.  Pasaba de uno a otro, y dibujaba líneas rojas en uno que había seleccionado para llevar consigo. En ese que le acompañaría en su travesía, un mapa con solo varios años de creado, había hecho anotaciones en sus márgenes en color azul y negro, dejando solo el rojo para los caminos del viaje.

            Los mapas antiguos develaban para él un mundo de secretos que ahora eran ocultos por el crecimiento del mercado y el deseo de hacer llegar los productos de una ciudad a otra con más rapidez. Para esto los cartógrafos creaban nuevos mapas para estar al compás con los tiempos y las rutas antiguas pasaban a ser solo un recuerdo. Esto era para Senín una ventaja, pues en muchos de ellos no encontraría a nadie y el viaje sería uno sin inconvenientes; aunque siempre surgían, por más preparado que estuviese para una situación en particular.

            Luego de estar varias horas encerrado en el cuarto que era reservado para él, en el edificio de los Richari, llamó a Nart. Su sirviente entró al cuarto y cerró la puerta tras de sí. Hizo su reverencia y dijo, “Mi señor.”

“Nart,” dijo sin despegar la mirada de los mapas. “¿Ya están listos los Sarai como pedí?”

“Sí, mi señor. Berengüer hizo como le ordenó, y los Sarai esperan solo sus órdenes para salir.”

“Bien,” hizo una corta pausa y se puso en pie. “Toma este mapa y guárdalo, asegúrate de que nadie sepa que lo tienes. Nadie puede ver ese mapa, no quiero tomar el riesgo de que uno de los Sarai sea un traidor.”

“Y, ¿si lo hay entre los Sarai?” Preguntó Nart con suma tranquilidad.

“Probará el filo de mi espada, mi mirada será lo último que verá en su existencia y su cuerpo se convertirá en alimento de las bestias. Ahora, ve y haz como te indique. Yo iré a ver a la princesa…”

“La reina, mi señor,” dijo Nart corrigiendo a Senín.

“Tienes razón, Nart,” contestó colocando su mano sobre el hombro derecho de su sirviente y confidente. “Es mejor que mantengamos ese secreto entre nosotros y que continuemos llamándola princesa, para que aquellos que conspiran en su contra no se den cuenta de nuestro conocimiento. Si tuvieron la osadía de ocultar la muerte del rey, nosotros podemos jugar el mismo juego. Tenemos la ventaja de que solo aquellos destinados a reinar Argia y los que lo reinan, conocen sobre la maldición de la casa Itana. Con excepción de unos escogidos fuera de ese círculo, como el Seboas Unnfrid y yo, no hay ser alguno que lo conozca. Y ahora tú, por supuesto, en quien confío. Berengüer y Aigmund, conocen sobre la muerte del rey, y hasta ahora han demostrado que son de confiar. Hablaré con ellos para que no revelen a los demás sobre el fallecimiento del rey, no por el momento, no hasta que estemos lejos de Almĭdina.”

Hizo una pausa, caminó hasta la mesa donde paso horas escudriñando entre mapas, y dijo, “Ve y guarda el mapa en un lugar seguro. Voy a ver a la princesa.”

Nart se retiró de inmediato, Senín miraba los mapas frente a él y esperaba que la ruta que decidió tomar fuera una segura para la princesa. Ella era la última de las descendientes de la casa Itana, quienes habían reinado sobre Argia por siglos. ¿Quién sino ella podía continuar en paz el reinado de sus antepasados? ¿Quién más podía hacerlo si tuviera él que tomar la decisión de acabar con la vida de la princesa, de ser necesario, para que la profecía no se cumpla? Una guerra entre los azal era de esperarse, pues muchos habían esperados pacientemente un momento como este, cuando la casa de Itana cayera de su pedestal al que habían estado bendecidos por tanto tiempo. Dinorah era la última en ese eslabón, la otra persona que quedaba de la casa de Itana estaba muy vieja para hacerlo y vivía en un monasterio esperando su muerte.

No sabía por qué preocupaba su mente con esas preguntas, cuando no le tocaría a él escoger aquel quien reinaría sobre Argia. El gabinete de diputados, compuestos por los de más alto rango entre los azal, les tocaba esa decisión y de entre ellos escogerían, seguido por la bendición del Seboas Unnfrid. Solo dos veces había esto ocurrido en la historia de Argia, pero en ambas se escogió al rey de entre los descendientes de la casa Itana, pues el rey no tenía herederos.

La incertidumbre agobiaba a Senín, quien despejó su mente de inmediato concentrándose en la tarea frente a él. Salió de su cuarto a toda prisa y sin mirar a nadie, ni tan siquiera se dio cuenta de las reverencias que los Sarai hicieran al él pasar por su lado. Cruzó el patio y se dirigió hacia el palacio y entró a este por una puerta trasera. Los pasillos, por órdenes de la princesa estaban desolados, para que Senín pudiera entrar cuando quisiera a hablar con su señora. Atravesó un pasillo largo que daba hacia unas escaleras que llegaban al segundo piso, donde la recámara de la princesa se encontraba. Entró a un pequeño cuarto de servicio, donde dormían algunas sirvientas que estaban sujetas a las órdenes de la dama Alora. Este estaba vacío, una campana en la pared que hizo sonar anunciaba su presencia. Nadie tenía permiso de abrir la puerta, con excepción de Alora, quien estaba en la recámara de la princesa en esos momentos. Una sirvienta, a quien se le había encargado debía avisar a Alora cuando la campana sonara, se levantó a toda prisa de su asiento al escucharla sonar.

Al aviso, Alora salió de inmediato a su recamara, dando nuevas órdenes a la sirvienta de que nadie podía molestarle, a ella o la princesa, y los pasillos que daban hacia su recamara y a la de la princesa, debían estar solitarios. Antes de ir a su recamara se aseguro de que habían seguido sus instrucciones, y de inmediato fue a abrirle a Senín. Sacó la llave de su pecho, en donde colgaba de una cadena de plata, y abrió la puerta. Senín estaba sentado sobre una de las camas, y enseguida se puso en pie al escuchar la cerradura abrirse. Miró a Alora y esta le hizo señal de que entrara a su cuarto. Senín con mucho respeto entró haciendo una pequeña reverencia. La hija del alto duque de Argia era hermosa y en sus ojos proyectaba a una persona confidente de sí misma, humilde y valiente. Características nobles en una mujer de su rango, no solo por ser la dama de compañía y confidente de la princesa, sino también por qué su nacimiento le daba el rango de princesa. Todos conocían sobre esto, pero ninguno en su familia usaba el título.

“Lvadi le espera,” indicó Alora a Senín.

Senín asintió con su cabeza y Alora se fue al frente para dirigirle. Como era de esperarse, los pasillos estaban desolados. La recamara de la princesa estaba continúa a la de Alora. Esta vez no hubo anuncios, Alora le indicó que entrara. Encontraron a la princesa sentada tras su escritorio, firmando unos papeles que entregó a Alora cuando esta se acercó a la princesa. Dinorah le dio órdenes de guardarlos en la caja fuerte para que estuviesen seguros hasta que ella mandara a buscarlos una vez se resolviera la situación en la que se encontraban. Le pidió a Senín que tomara asiento y este lo hizo inmediatamente luego de que hiciera su reverencia a la princesa.

“Bien, Senín, ¿qué noticias me trae?”

Senín de inmediato contestó, “Lvadi, he escogido la ruta que tomaremos para llegar a Karmiérz. Estuve analizando todos los caminos conocidos y olvidados toda la noche, y el que escogí es el más seguro para usted.”

“Confío plenamente en que ha escogido el camino correcto, pero antes,” hizo una pequeña pausa para erguirse en su silla y acomodar un poco su traje ajustado. “Debo hacerle una petición, Senín.”

“Usted dirá, Lvadi.”

“Necesito que hagamos una sola parada.”

Una interrogativa se dibujo en el rostro de Senín, pues no esperaba que la princesa hiciera cambios a la trayectoria que había escogido. El hacer cambios, significaba que debía hacer ajustes al tiempo en que les tomaría llegar a la capital, y dependiendo del lugar a donde ella deseaba ir, cambios en la ruta.

“Veo por su rostro que no esperaba mi petición.”

“Discúlpeme, Lvadi. Mi expresión se debe a la sorpresa de un cambio en los planes. Hubiese preferido que me lo hubiera comunicado con anticipación, de esta forma hubiese hecho los cambios pertinentes desde un principio.”

“No debo de disculparle nada, Senín. Al contrario, mi decisión fue resiente, pues temo será muy tarde para mí una vez lleguemos a Karmiérz. La única forma de poder atrasar el proceso que ha comenzado en mi alma, es solicitando la ayuda de un Unnfrid. No puede ser cualquier Unnfrid, me temo. Debe ser aquel a quien mi madre escogió para mi educación. No solo me educó en las artes y demás cosas que uno debe conocer como persona. Mi educación fue más allá de una normal, él me enseñó sobre los Oshmdwans, pues tiene vasto conocimiento sobre ellos. En especial, sobre lo que se esconde dentro de los herederos de Itana. Debo visitarle y persuadirle a que nos acompañe, no creo que se niegue,” dijo cambiando su mirada hacia el escritorio.

Volvió su mirada a Senín, y con rostro desolado, continuó, “Le voy a ser muy sincera, Senín, sin la ayuda de este Unnfrid no le aseguro llegue a Karmiérz. Pase lo que pase, y si la ayuda del Unnfrid no es suficiente para atrasar lo que en mí nace, usted, está en la obligación de detenerlo.”

Al decir esto, se escuchó el sonido estruendo de una bandeja y copas caer al suelo.  Ambas miradas se tornaron hacia donde el sonido venía, y vieron a Alora pálida con sus manos en el aire donde antes estuviese la bandeja que traía con refrigerios. La orden que la princesa le diese a Senín tocó de sobremanera a Alora, quien no se esperaba escuchar de su señora esas palabras. Dinorah por su parte le dio una dulce mirada a su amiga, seguida por una pequeña sonrisa. Con ella esperaba darle consuelo ante lo inminente y lo que ella conocía debía ser.

Dinorah se tornó hacia Senín, y dijo, “No se preocupe por Alora, ella no le detendrá, pues al igual que yo ella está preparada para ese momento. Ambas, como usted bien conoce, fuimos  educadas en un monasterio bajo la tutela del Unnfrid a quien deseo visitar. Le aseguro, Senín, que de usted no poder llevar a cabo su misión para conmigo, llegado el momento, ella lo hará por usted. Aunque no parezca que pudiera hacerlo, pues para esto también fue educada.”

Alora torno su mirada hacia las copas y el vino derramado en el suelo. Se bajo y comenzó a limpiarlo, disgustada un poco con el comentario de su señora. Dinorah tenía razón, ella estaba preparada para hacerlo, pero jamás se imaginó que el momento estuviese tan cerca. Al terminar se puso en pie, y dijo, “Con su permiso,” y se marchó rápidamente para que no vieran la lágrima que de sus ojos había escapado. Tenía el corazón herido, pues la princesa no solo era su señora, a quien debía su respeto y obediencia, sino también era para ella su amiga y su hermana.

Dinorah se dio cuenta del estado en que se encontraba su amiga, pero debía lidiar con ello luego, en ese momento habían cosas más importantes. Volvió su concentración a Senín, y dijo, “Bńelekoh, ¿conoce el monasterio del cuál le hablo?”

“Por supuesto, Lvadi, es el Éwärd. Mi trayectoria pasa al sur de este, a unas veinte millas de distancia.”

“Entonces, ¿no hay oposición alguna?”

Senín no tenía más remedio que acceder a la petición de la princesa. Tendría que realizar unos cambios en su trayectoria.

“Ninguna, Su Alteza, pero debe tomar en consideración que el viaje será uno largo y pesado. No viajara en su carroza, sino a caballo. Además, para ganar tiempo nos detendremos lo menos posible, solo en momentos en que ya no pueda soportar más el cansancio.”

“Por el camino común, llegar al monasterio nos tomaría siete días”

“Sí, los caminos comunes tienden a ser más largos, pero llegaremos al monasterio en cuatro días atravesando el que escogí, sino tenemos inconvenientes. Solo debemos tomar un desvío. Le pediré, Su Majestad, que solo lleve lo necesario para el viaje, y que lleve ropa para cabalgar y cómoda. Los Sarai se han encargado de llevar provisiones, así que su dama no se tiene que preocupar por eso. Espero que solo la dama Alora sea la única que le acompañe y no tenga necesidad de otros sirvientes,” comentó Senín en forma de advertencia.

En el rostro de Dinorah se dibujo una media sonrisa y le miró fijo a los ojos, sus cejas arqueadas. No sabía si el Bńelekoh Tekuh trataba de intimidarla o hacerle ver su autoridad en esta misión, como un augurio de que no toleraría futuros cambios a sus planes y que su seguridad estaba en sus manos, por tal razón le debía obediencia. Tal vez, ella debía tener precaución con él. Era de esperarse que actuara de esa manera, pues era un líder de hombres y ella también lo era. Lo que la llevaba a la conclusión de que durante el viaje tendrían muchos roces.

Para aliviar cualquier intercalo, decidió ser civil y no imponer su autoridad sobre ese quien era su sirviente. Al fin y al cabo, su vida estaba en sus manos y ella debía ser humilde y agradecida. Así que, contestó con humildad a Senín, “No tendré necesidad de más sirvientes, solo serán un disturbio para nosotros. Sobre mis atuendos, me encargo yo, Senín, sé lo que me conviene utilizar cuando debo cabalgar largas distancias. No crea por un instante que solo dependo de mi carroza, pues se montar a caballo sí es eso lo que le preocupa.”

Senín solo asintió con su cabeza y le agradeció a la princesa que comprendiera la situación. La media hora que continuaron juntos, Senín se la pasó explicándole a Dinorah donde debería estar ubicada siempre durante toda la trayectoria hacia la capital. Le pidió siempre se mantuviera en el centro del régimen, para que fuera protegida en todo momento por los Sarai. Le explicó, además, que enviaría hombres a adelantarse para asegurar que el camino estaba seguro; que tomarían siestas de aproximadamente dos horas y que sus alimentos los tomarían mientras cabalgaban.

A todo esto y otras muchas cosas más que él explicó, Dinorah escuchaba en silencio mirando de vez en cuando a Alora, quien, luego de componerse les hizo compañía para estar al tanto de los planes, atendía con suma curiosidad. Ninguna de ellas estaba acostumbrada a tal régimen, pero había que hacerlo si debía salvar su vida y el futuro de su reino. Le preocupación la falta de descanso a la que su cuerpo estaría sometido, y cómo esta le afectaría espiritualmente. La fatiga podría permitir que aquello dentro de ella encontrara fuerzas en su debilidad. Su inquietud no la reveló a Senín, de ser necesario el descanso él no iba a oponerse, pero el sacrificio valdría la pena y la carga sería menos una vez el Unnfrid aceptara acompañarles. El Unnfrid debía ayudarla en su idilio; él la había preparado para eso y mucho más. Una cosa era el pensamiento lejano de un quizás, a la cruda realidad que la atormentaba. Si el dolor en su pecho se tornaba insoportable, estaba segura que a solas no iba a poder controlarlo, y que cedería con gran facilidad para que este dejara en paz su alma.

La segunda parte del capítulo cinco será entregada el 6 de julio de 2011.

Todos los derechos reservados. Copyright© 2011 por Alexandra Román. Se prohibe reproducir, almacenar, o transmitir cualquier parte de esta historia, Los hijos de las sombras, y sus capítulos por entrega para el blog Mink en manera alguna ni por ningún medio sin previo permiso escrito de la autora, excepto en caso de citas cortas para críticas o citas.

3 thoughts on “Capítulo Cinco: En ruta 1ra Parte

Deja tu comentario, comencemos un diálogo. / Leave your comment, let´s start a conversation.

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s